Julio pasó y a mi se me amontonaron muchas cosas juntas. El último mes del año escolar (aca arriba) acumula -como diciembre con las fiestas- las despedidas a maestros, ferias de diseño, días de promoción de mi Estudio de Cerámica y

Garabatos, colaboraciones con otros artistas y mas… y a mi se me desespera la inspiración porque empiezo a postponer, pero sin anotar las ideas, entonces se me amontonan en el marote (yo tengo que bajar a papel sino me queda rebotando todo)… de repente tengo un matete mental tal… que ya ni se que hacer, entonces, no hago.

Este año no nos hemos ido de vacaciones. Normalmente salimos en Julio/Agosto; pero éste año fuimos en Abril a la madre patria Argentina asi que nos quemamos todos los cartuchos ahi. Nos mentalizamos a un verano en Holanda… que muchas veces tiene mas de otoño que de verano, pero uno le pone espíritu.
Esto de salir de vacaciones obligatoriamente todos los años no me sucedió hasta venir a éste lado del mundo. Probablemente porque crecí en una ciudad donde, no solo hay río adonde ir a nadar, sino tambien el Atlántico (con agua templada!!!) a 15 minutos.

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De niña tuve un conflicto interno muy grande porque las vacaciones en Diciembre no las pasabamos ni en el río ni en el mar. A las 9am estabamos firmes en el Club Villa Congreso (nunca supe a que se refería ese nombre…Congreso de qué?? ) adonde nos pasabamos la mañana en curso para aprender a nadar hasta las 12pm. A esa hora nos juntabamos con otros amiguitos con padres abandónicos del mismo gremio que los nuestros; nos sentabamos en el césped bajo los árboles y haciamos picnic. A las 14h recien empezaba “pileta libre” y adivinen quienes corrían a estar primeros en la fila para entrar? Nosotros. Los huerfanitos.

A las 17h mas o menos aparecía alguno de nuestros progenitores a buscarnos. Ellos frescos, recien levantados de la siesta. Nosotros, fuego vivo de estar corriendo todo el día bajo el sol (pedile a un grupo de pibes de entre 7 y 10 años que no se olviden de ponerse protector cada 2h…si, claro…) resecos del cloro…sucios de salvajear… pero mas importante, cansados.

Padres pillos que nos vendían el verso de que “aprender a nadar es esencial, como aprender otros idiomas”; cuando en realidad lo que querían era que otra gente nos canse y nos devuelvan agonizando, mansos.

Yo me sentía abandonada a mi buena suerte. Me embolaba. Nadar implica coordinar… yo no coordiné hasta los 12 años, ponele. Bah no… sigo sin coordinar. Un poco que a mis padres los resentía, ellos en casa tranquilos. Y a mis hermanos menores que no eran obligados a participar del abandono tambien. Claro… tenían menos de 6 años. Ahora lo entiendo. Antes los odiaba. Mi hermano mayor, con quien me dejaban ahi, era el as de la pileta… siempre en todos los equipos entonces claro… el tipo felíz. Yo no.

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Siendo madre de solo dos criaturitas (mis padres son padres de 4 ya-no-criaturitas) ahora entiendo… Ahora la veo a mi madre llegando a buscarnos toda relajada de la siesta y entiendo. No era abandono. No solo era que tenían que ir a trabajar en la mañana, sino que era tambien una necesidad imperiosa de poder reservarse un par de horas sin 4 pibes corriendo, gritando, llorando, pidiendo río-galletita-laleche-amiguitos-mepegoooo-hambre-notengosueño, etc. Era mas barato mandarnos a pileta todo el día, que pagar un psicólogo para lidiar con el stress.

Aca no hay clubes como allá con pileta todo el día adonde uno puede abandonar mandar a los hijos a que aprendan a nadar que es taaaan importante.

…y ni siquiera me toman el estres maternal vacacional como excusa válida para un psicólogo.

A qué hora se puede empezar con el vermouth?

En otra les cuento cuando SI ibamos al mar y al río. Nuestros padres nos “perdían”. Bah, mi padre. Mi madre ni iba.

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