Regurjitando pasado diría yo que las fiestas son esas semanas del año en la que la familia planea, cocina, sufre el calor, cocina mas, pone el champagne en la heladera, saca manteles y porcelanas, sufre el calor, se arregla para la foto y espera las visitas de la familia extendida que llega en caravana para festejar al lado del mar viedmense. Y sufrir el calor.
Eso era antes.
Alla siguen sufriendo el calor (o mas o menos porque con esto del cambio climático ya ni en eso se puede confiar) y poniendo la bebida a enfriar. Siguen planeando menues aunque juran que “nuuuuuunca mas hago tanta comida”. Se arreglan para la foto, pero la familia extendida no llega mas. La gente tiene otros rumbos.

Aunque a sabiendas de eso, y porque la nostalgia domina mi andar en ésta época del año; yo igual añoro esos años y quisiera estar con mi familia rellenando piononos y muriendome de calor. En cambio, estuve aquí con mi pequeña familia con pocos planes (mas que hacer pizza que es lo que los chicos pidieron), sin calor aunque con temperaturas fuera de lo comun para esta altura del año (lo que solo aumenta mi pesimismo global), el champagne enfriandose pero nadie con quien tomarmelo porque Sr Marido debía trabajar. Hecho éste último que profundiza la languidez de la fecha. La familia holandesa extendida no se da por enterada de que nosotros existimos ni que podemos estar extrañando el bullicio ni nada de eso porque el chip de la empatía no viene incluído en ésta cultura. Entonces ahí estoy yo, sentadita con las crías, comiendo pizza a la que le chorrea el rockefort (porque el queso sera mi asesino) tomandomé un vinito aunque no mucho porque eso de tomar sola es medio de borracha; mirando una peli navideña en netflix que incluye, of course, huérfanos, perros labradores con cara de buenos (y limpios no como el labrador nuestro), y mucho amor y paz y  polo norte.
C’est la vie.

Para año nuevo los planes me reconnntra entusiasman porque… Sr Marido estará en el hogar. O sea, no tomaré sola. Tendré compañia.  Las multitudinarias y glamorosas cenas de mi ayer se han reducido a nosotros 4 en jogging, comiendo algo rico y mirando unas pelis. Emponchados por el frío y dandole antipsicóticos al perro (receta del vete …) para que no muera de un infarto con tanto fuego artificial.

Mon Dieu…

Pero que no suene tan depre… en realidad tengo lo que deseaba cuando me tocaban vivir esas cenas en sedas, bañadas en champagne y  transpiración de 40C a la sombra comiendo turrón. Recuerdo escuchar a la flia entera diciendo…”cheee que comemos todo esto al final, chocolate como si hiciera frío!!” y “hagamosla mas simple el año que viene…” y mi madre que juraba que ella se iba a ir sola a algun lugar con frío asi no tenía que cocinar para hordas familiares.

Como cambia el recuerdo cuando uno le saca el MUTE y pone sonido. Igual siguen siendo recuerdos lindísimos de risas y charlas que intentaré imponer a mi little family cuando los hijos sean mayores.

Es la vida del exiliado. A esta altura ya asumida pero no por eso sin recuerdos que hacen que uno anhele repetir ciertas etapas de la vida… aunque las condiciones, la familia, las latitudes… no se den. Pero que no cunda el pánico porque ésto suena a “Compendio de penurias fin-de-añeras” pero no. Que fluya. Que no se sufra. Me pondré al día con las pelis que no he visto… haré garrapiñada porque los aburridos de aca no me van a impedir llenarme de azúcar la cara! y comeremos y beberemos y a medianoche miraremos los fuegos artificiales por la ventana con Olaf, nuestro labrador de 45kilos, trepado a Sr Marido como si fuera un chihuahua.
Son formas distintas, pero el espíritu de paz y amor y muchos deseos de bienestar para los que nos rodean siguen presentes. Los recuerdos tambien… pero conscientes de que son eso… lucecitas en el pasado.

Sería completo mi cuadro de felicidad si yo pudiera comerme un pionono!!!!!  Como puede ser que ésta gente no sepa de su existenciaaaa!

O quizás… debería probar las pastillitas del perro…hmmmm cuantas ideas.

 

Advertisements